jueves, 2 de febrero de 2012

El Elevador

Prácticamente toda mi vida he vivido en el mismo lugar, en el mismo edificio color cemento ubicado en esquina en un sexto piso con una vista a la calle realmente espectacular. No cambiaria el vivir en las alturas por nada del mundo, pues me siento más segura que viviendo en una casa, puedo salir de vacaciones con la familia y tener la certeza que al regresar encontrare todo tal cual lo deje.
 Al vivir en un edificio de doce pisos es necesario contar con ascensor, pues imaginen subir y bajar seis pisos todo el tiempo, agotador. Donde vivo tenemos dos ascensores, uno para los pisos pares y otro para los impares. Cuando quiero dejar las alturas solo necesito marcar un botón blanco que luego se enciende de anaranjado, esperar pacientemente unos segundos, suena un timbre, el botón vuelve a su color natural, se abren las puertas e ingreso a esta caja con espejos 360 grados con una luz que permite ver cualquier imperfección del rostro. Luego oprimo el botón con el numero uno y tras un minuto y medio ya estoy abajo al nivel de la vereda.
Son extraños los ascensores, a veces son incómodos, otras son románticos y otras veces hasta dan un poco de susto. Son incómodos cuando uno comparte el ascensor con un extraño, y ese minuto y medio de trayecto se vuelve larguísimo, ninguno habla, y que solo atinan a mirar el marcador que hay sobre la puerta que se enciende en cada piso que pasa. Y cuando por fin toca bajar uno se siente aliviado, relajado al fin. De estos momentos he tenido millones, también me ha tocado que al abrir la puerta del ascensor me he encontrado con un olorcito desagradable, pila de perro o quien sabe que, por lo que debo usar las escaleras.
Pero los momentos románticos en el ascensor son mis favoritos, me encanta al regresar a casa por la noche con algún chico, entrar al ascensor apretar el botón de mi piso, apagar las luces y besarnos y acariciarnos a oscuras mientras estamos en movimiento. Aun no he probado el sexo dentro del ascensor, si tuviera un ascensor de servicio, o viviera en el último piso sería mejor, pues da el tiempo y la privacidad justa para el acto.
Al igual que cualquier cosa mecánica, los ascensores tienen sus fallas, y en mis casi 25 años de vida, solo me he quedado atracada en el ascensor dos veces y la ultima fue horrible. Aunque duro pocos minutos, parecía eterno y al abrirse las puertas tuve que saltar, pues estaba un metro por encima del piso.
A pesar de haber tenido dos experiencias feas en los ascensores, no puedo dejar de usarlos, además uno nunca sabe con quién te puedas cruzar en el ascensor, los amigos churros del vecino, los primos de la vecina, y después de que se cierra la puerta nadie sabe lo que puede pasar dentro… eso sí, cuidado con los elevadores de los edificios nuevos, pues tienen cámara de seguridad y los porteros se ganan con todo lo que pasa dentro.

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